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Kartell nació en Milán en 1949, fundada por Giulio Castelli, ingeniero químico que se formó junto al premio Nobel Giulio Natta, y su esposa Anna Castelli Ferrieri, arquitecta titulada por el Politecnico di Milano. Fue ella quien más tarde ideó el nombre de la marca y su logotipo. En sus inicios, la empresa se dedicó principalmente a los accesorios para el automóvil y el hogar, antes de orientarse hacia un material que por entonces se consideraba revolucionario: el plástico.
En la Italia de la posguerra, Giulio y Anna Castelli Ferrieri tenían una ambición clara: reinventar la vida cotidiana gracias a la innovación industrial. Kartell se convirtió rápidamente en un laboratorio de experimentación en torno a los materiales plásticos, explorando sus propiedades estéticas y funcionales mucho más allá de su simple aspecto práctico. Esta búsqueda constante en torno al color, la transparencia, la ligereza y la resistencia se convertiría en el sello distintivo de la marca.
En 1963, Kartell amplió su actividad al mobiliario, la decoración y el diseño de interiores, impulsada por Anna Castelli Ferrieri. Ya al año siguiente, la marca comercializó su primera silla, la «4999», destinada a los niños y diseñada por Marco Zanuso y Richard Sapper. Este fue el punto de partida de una larga serie de creaciones que se han convertido en icónicas: la silla «4801» de Joe Colombo, la silla apilable «Universale» o la «4867», moldeada por inyección, que consolidó a Kartell de forma duradera en la escena internacional.
En 1988, Claudio Luti, yerno de Giulio Castelli y con una amplia experiencia en el mundo de la moda en Versace, asumió la dirección de la empresa. Bajo su impulso, Kartell multiplica las colaboraciones con los nombres más destacados del diseño internacional: Philippe Starck, Ron Arad, Antonio Citterio, Patricia Urquiola, Piero Lissoni, Ferruccio Laviani o incluso Eugeni Quitllet. De este periodo surgen piezas que se han convertido en auténticos clásicos contemporáneos, como la silla Louis Ghost de Philippe Starck —una de las sillas más vendidas del mundo—, la estantería modular Bookworm, diseñada por Ron Arad, o la lámpara Bourgie, de Ferruccio Laviani.
Varias creaciones de Kartell forman parte hoy en día de las colecciones de prestigiosos museos, entre ellos el MoMA de Nueva York. En 1999, la marca inauguró su propio museo cerca de Milán, dedicado a la conservación y la puesta en valor de su historia y su patrimonio de diseño.
Dirigida aún por Claudio Luti, Kartell sigue siendo uno de los símbolos del «Made in Italy» en el mundo del diseño. Fiel a su ADN fundacional, la empresa continúa su investigación en torno a los materiales y las tecnologías, combinando funcionalidad, color y audacia estética, al tiempo que sigue colaborando con los diseñadores más destacados de su generación.
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